Una hoja de ruta para la salud respiratoria
Las enfermedades respiratorias constituyen uno de los mayores retos para nuestro sistema sanitario. Sin embargo, y pese a ser la tercera causa de muerte en España y una de las principales responsables de hospitalizaciones, discapacidad y consumo de recursos sanitarios, nuestro país sigue sin contar con una estrategia nacional que marque un rumbo común para su prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento.
Esta realidad contrasta con la magnitud del problema. Millones de personas conviven con enfermedades como la EPOC, el asma, la apnea del sueño, las enfermedades pulmonares intersticiales, las bronquiectasias o el cáncer de pulmón. Muchas de ellas permanecen infradiagnosticadas o son detectadas en fases avanzadas, cuando las posibilidades de intervención son más limitadas y el impacto sobre la calidad de vida ya es considerable.
A ello se suma una atención desigual entre comunidades autónomas, diferencias en el acceso a pruebas diagnósticas, tratamientos innovadores o terapias no farmacológicas, así como una coordinación asistencial que, en demasiadas ocasiones, continúa siendo insuficiente. Los profesionales sanitarios y los pacientes conocen bien las consecuencias de esta fragmentación: retrasos diagnósticos, duplicidad de procesos, ingresos evitables, uso ineficiente de recursos y una carga clínica que en muchos casos podría evitarse.
Desde SEPAR llevamos tiempo defendiendo la necesidad de impulsar una Estrategia Nacional de Enfermedades Respiratorias (ENER) que permita avanzar hacia un modelo más equitativo, coordinado y centrado en las personas. Una estrategia que sitúe la salud respiratoria entre las prioridades de las políticas sanitarias establezca objetivos comunes, indicadores de calidad y líneas de actuación compartidas en todo el territorio, y cuya continuidad trascienda presidencias, mandatos y ciclos políticos.
La prevención, el diagnóstico precoz y un manejo adecuado en el nivel asistencial que corresponda, con verdadera continuidad entre Atención Primaria, hospital y domicilio, deben ser los pilares de este cambio, junto con el acceso equitativo a la innovación, la investigación y la educación sanitaria. No se trata únicamente de mejorar la atención a quienes ya padecen una enfermedad respiratoria, sino también de prevenirla, detectarla antes y reducir su impacto sobre la sociedad.
Contamos con el conocimiento científico, con profesionales altamente cualificados y con la experiencia necesaria para construir esta hoja de ruta. Sabemos que invertir en salud respiratoria mejora la calidad y la esperanza de vida, hace el sistema más eficiente y evita costes derivados del diagnóstico tardío, las exacerbaciones y las hospitalizaciones evitables.
La ENER representa una oportunidad para reducir desigualdades, impulsar la coordinación y garantizar una atención equitativa. Para ello, la salud respiratoria debe incorporarse de forma estable a la hoja de ruta del Gobierno central y las comunidades autónomas, con vocación de Pacto de Estado.
Desde SEPAR seguiremos trabajando para que esta estrategia se convierta en una realidad, pero no es el proyecto de una presidencia ni de una legislatura. Debe ser un compromiso sostenido de los profesionales de la salud respiratoria y de las administraciones públicas. Solo una hoja de ruta común, con objetivos medibles y evaluación periódica, permitirá transformar de verdad la atención respiratoria en nuestro país.
SEPAR