Revista-Asma-2017-03-02

Andújar-Espinosa R, Salinero-González L, Illán-Gómez F. Rev Asma. 2017;2(3):175-182

Los niveles séricos de vitamina D en el paciente asmático: ¿Un factor a tener en cuenta?

Autores

Rubén Andújar-Espinosaa, Lourdes Salinero-Gonzálezb, Fátima Illán-Gómezc

a Servicio de Neumología. Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca. Murcia, España
b Servicio de Endocrinología y Nutrición. Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca. Murcia, España
c Servicio de Endocrinología y Nutrición. Hospital Universitario Morales Meseguer. Murcia, España

Correspondencia

Rubén Andújar Espinosa
Servicio de Neumología.Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca
Ctra. Madrid-Cartagena, s/n. 30120 El Palmar (Murcia), España
Tel.: 669 500 052
E-mail: rubemed@hotmail.com

Resumen

En los últimos años se ha relacionado la vitamina D con efectos beneficiosos en numerosas patologías no relacionadas con el metabolismo fosfocálcico, entre ellas algunas enfermedades respiratorias entre las que destaca el asma. Existen varios mecanismos de acción de la vitamina D en el asma que influyen en la inmunidad innata y adaptativa, en la resistencia a los corticoides e incluso en el remodelado de la vía aérea. Algunos estudios han tratado de aportar evidencias clínicas sobre la influencia de la vitamina D sérica en el asma; sin embargo, solo parecen haberse demostrado en la mejora de la función pulmonar, la respuesta a los corticoides y la disminución de las necesidades de corticoides sistémicos durante las crisis. No obstante, los estudios existentes son escasos y con una alta variabilidad en sus diseños, distintos perfiles de paciente, distintos puntos de corte en los niveles séricos de 25-OH-D3 y distintas pautas de suplementación con vitamina D en los diversos ensayos clínicos aleatorizados, lo que no permite la extracción de evidencias sólidas sobre este tema. Por tanto, es necesaria la estandarización en los estudios y la realización de nuevos estudios que permitan dilucidar evidencias sobre la influencia de la vitamina D en el asma.

Introducción

Clásicamente la vitamina D se ha relacionado con la hipocalcemia acompañada de hiperparatiroidismo secundario, con alteraciones en la mineralización del esqueleto y miopatía proximal como el raquitismo y la osteomalacia1. No obstante, en los últimos años se ha descubierto la expresión del receptor de la vitamina D (VDR) en muchos tejidos no relacionados con la regulación del metabolismo fosfocálcico2. Ello ha hecho pensar que esta vitamina podría desempeñar otras funciones3.

Por ello, se ha estudiado la asociación de la vitamina D con numerosas patologías y se han hallado asociaciones entre dicha vitamina y determinadas neoplasias y enfermedades cardiovasculares, pulmonares, metabólicas y autoinmunes.

En el caso de las enfermedades respiratorias, se ha descrito que la vitamina D podría tener efectos potenciadores sobre el sistema inmunitario innato y adaptativo4, lo que explicaría un potencial efecto en la defensa frente a infecciones respiratorias. De acuerdo con ello, se ha observado una asociación epidemiológica entre el déficit sérico de 25-OH-D3 y el aumento del riesgo de determinadas infecciones respiratorias5,6. Por esto, la vitamina D podría proteger frente a infecciones respiratorias que provocarían crisis de asma7.

Mecanismos de acción de la vitamina D en el asma

Existen varios mecanismos por los que la vitamina D podría influir en el asma y que podríamos sintetizar en cinco apartados (Tabla 1).

Tabla 1.
Mecanismos de acción de la vitamina D en el asma

Sobre la inmunidad innata

Disminuye citoquinas proinflamatorias

Aumenta péptidos antimicro-bianos

Sobre la inmunidad adaptativa

Inhibe citoquinas asociadas a Th1

Niveles séricos muy elevados o muy bajos de vitamina D disminuyen IgE y aumentan IL-10

Disminuye la respuesta a IL-17

Sobre células T reguladoras

Mejora la acción de células T reguladoras

Aumenta IL-10

Sobre respuesta a corticoides

Aumenta IL-10 por acción de dexametasona

Inhibe producción de IL-17 por corticoides

Sobre remodelado de la vía aérea

Disminuye la masa de músculo liso de vías respiratorias (ASM)

INFLUENCIA DE LA VITAMINA D SOBRE LA INMUNIDAD INNATA

Determinados agentes infecciosos y alérgenos pueden estimular los receptores de células presentadoras de antígenos, que a su vez aumentarían la expresión de la enzima CYP27B1 en macrófagos, monocitos y células epiteliales8,9. Con ello, aumentaría la forma activa de la vitamina D, la 1,25-OH-D3, que, tras su unión a los VDR, provocaría la modulación de distintas citoquinas proinflamatorias y aumentaría la producción de péptidos antimicrobianos, como catelicidina y beta-defensina 210-12.

INFLUENCIA DE LA VITAMINA D SOBRE LA INMUNIDAD ADAPTATIVA

El tipo de respuesta de las células T está directamente influenciado por las células presentadoras de antígeno, que son a su vez moduladas por la vitamina D. Además, la vitamina D tiene efectos directos sobre las células T: inhibe las citoquinas asociadas al fenotipo Th1 de las células T en estudios in vitro y en animales13 y puede inhibir cómo promover la respuesta Th2 en diferentes modelos animales y de células T humanas in vitro14.

Hyppönen et al.15 demostraron que los niveles plasmáticos de 25-OH-D3 no presentaban una relación lineal con los niveles séricos de IgE, de forma que los niveles de IgE estaban solo elevados con niveles muy bajos o muy altos de 25-OH-D3. In vitro se ha observado que el calcitriol reduce la producción de IgE de las células B humanas periféricas y aumenta la síntesis de IL-10 por dichas células16,17.

La vitamina D ha demostrado que puede reducir las respuestas de IL-17 tanto en ratones como en humanos con asma grave18,19, y esto podría disminuir la neutrofilia presente en algunos pacientes con asma grave18,20-22 y disminuir la hiperreactividad bronquial, el remodelado, la resistencia a esteroides y la síntesis de citoquinas proinflamatorias21,23,24.

EFECTOS SOBRE LAS CÉLULAS T REGULADORAS

En pacientes asmáticos se han descrito niveles disminuidos de células T reguladoras25,26 y niveles más bajos de IL-10 en comparación con sujetos sanos27,28. In vitro se ha descrito que la vitamina D mejora las acciones de las T reguladoras29, entre ellas la promoción de aquellas que sintetizan IL-10.

EFECTOS SOBRE LA RESPUESTA A LOS CORTICOIDES

Se ha descrito que las células T CD4+ en sangre periférica de pacientes asmáticos resistentes al tratamiento con corticoides no son capaces de aumentar la secreción de IL-10 in vitro cuando los pacientes son tratados con dexametasona, al contrario de lo que ocurre en pacientes con asma que sí responden al tratamiento con corticoides o en sujetos sanos28. La suplementación con vitamina D, bien mediante la adición de 1,25-OH-D3 al cultivo, bien por la suplementación oral de los pacientes asmáticos refractarios a esteroides, permitió restaurar la inducción de IL-10 por la dexametasona28.

La dexametasona puede aumentar la producción de IL-17 a partir de células mononucleares de sangre periférica y de células T CD4+ in vitro, mostrando una asociación positiva entre la dosis de corticoide inhalado y la síntesis de IL-17. Estos datos sugerirían que los corticoides podrían contribuir a la progresión de la enfermedad en el asma grave por un aumento de la respuesta mediada por IL-1730, mientras que la vitamina D ha demostrado inhibir fuertemente la producción de IL-17 inducida por los corticosteroides in vitro18.

EFECTOS SOBRE EL REMODELADO DE LA VÍA AÉREA

El remodelado de las vías respiratorias en el asma provoca la reducción de la función pulmonar de forma irreversible y en general es mal controlado con las terapias actuales31. Algunos estudios han observado que la vitamina D se asocia a una reducción de la masa de músculo liso de las vías respiratorias (ASM)32,33. Así, existe una relación inversa entre ASM y los niveles séricos de 25-OH-D3 en pacientes pediátricos con asma34, mientras que la adición de derivados de la vitamina D a cultivos de ASM humanos se ha visto que reducía la proliferación de dichas células musculares35.

Relación de la incidencia y prevalencia del asma con los niveles séricos de vitamina D

Mai et al.36 realizaron un estudio de casos y controles en 25.616 adultos noruegos, de entre 19 y 55 años, a los que se realizaron encuestas sobre la presencia de síntomas relacionados con el asma y se determinaron los niveles séricos de 25-OH-D3 (the HUNT study), con el objetivo de determinar la incidencia de nuevos casos de asma y compararlos con los niveles plasmáticos de vitamina D. No encontraron ninguna asociación estadísticamente significativa.

Existen tres estudios en los que se estudió la relación entre los niveles de 25-OH-D3 en plasma y la prevalencia de asma. En el primero por orden cronológico, de 2010, Devereux et al.37 realizaron un estudio de casos y controles en el Reino Unido, seleccionando a 160 adultos de entre 18 y 50 años, sin encontrar asociación significativa entre los niveles séricos de vitamina D y la prevalencia de asma (odds ratio [OR] = 0,98 [0,91-1,06]).

El segundo, en 2011, fue realizado por Carroll et al.38 y era de tipo transversal, con 340 mujeres estadounidenses a las que se midieron niveles plasmáticos de 25-OH-D3. Los resultados se estratificaron, según el color de la piel, en mujeres de origen africano y de origen no africano, encontrando solo en el grupo de las mujeres de piel blanca una asociación significativa inversa entre los niveles bajos de vitamina D en sangre y una mayor prevalencia de asma (en las cuales un aumento de 14 ng/ml en los niveles de 25-OH-D3 presentaba una OR = 0,54 [0,33-0,86]). No se encontró ninguna asociación en las mujeres de origen africano.

Por último, un estudio transversal realizado en 2014 por Cheng et al.39, que incluyó a 15.212 adultos, no encontró asociación entre los niveles plasmáticos de vitamina D y la prevalencia de asma (OR = 1,19 [0,92-1,53]).

El control y la gravedad del asma y los niveles séricos de vitamina D

En 2010, Sutherland et al.40 realizaron un estudio transversal en 54 pacientes asmáticos mayores de 18 años, no fumadores, midiendo la relación entre los niveles de vitamina D plasmáticos y los valores obtenidos en las pruebas de función pulmonar. Encontraron una asociación significativa entre mayores niveles séricos de 25-OH-D3 y mejores resultados en las pruebas de función pulmonar, medidas como FEV1 y con el test de provocación con metacolina. Por cada aumento de 1 ng/ml en los valores de 25-OH-D3 se observó un aumento de 22,7 ml (+/- 9 ml) en los valores de FEV1 (p = 0,02).

En otro estudio transversal, realizado en 2013 por Korn et al.41, se determinaron los valores séricos de vitamina D en 280 pacientes asmáticos alemanes mayores de 18 años y se estratificaron en función del grado de control (en tres subgrupos: bien controlados, parcialmente controlados e incontrolados) y de la gravedad del asma (en cuatro subgrupos: intermitente, persistente leve, persistente moderada y persistente severa) utilizando los criterios de GINA. Los niveles plasmáticos de vitamina D fueron más bajos cuanto mayor era la gravedad del asma y cuanto peor era el grado de control de la enfermedad (OR = 1,9 [1,2-3,2] y 2,1 [1,3-3,5], respectivamente).

En 2014 Samrah et al.42 realizaron un estudio de casos y controles en mujeres con edades entre 14 y 65 años. Midieron los niveles séricos de las vitaminas A y D en 145 mujeres (68 pacientes asmáticas y 77 sanas). Las pacientes asmáticas fueron estratificadas en función del nivel de control del asma, usando el cuestionario ACT, y en función de las directrices de GINA. No hubo asociación entre los niveles de vitamina A y asma. La prevalencia de déficit de vitamina D fue superior, aunque no estadísticamente significativa, para las mujeres con asma, en comparación con los controles (95,6% vs. 87%; p = 0,07). Entre las pacientes con asma, los niveles plasmáticos de 25-OH-D3 se asociaron inversamente con el número de medicamentos usados para el tratamiento de la enfermedad (r = –0,28; p = 0,02) y directamente con los valores en la puntuación del ACT (r = 0,3; p = 0,012). La media de nivel sérico de 25-OH-D3 fue diferente según el control del asma (p = 0,046); así, los casos con asma bien controlada tuvieron mayores niveles de vitamina D que los casos parcialmente controlados, y estos, a su vez, niveles más altos que los mal controlados.

Arshi et al.43 realizaron un ensayo clínico aleatorizado (ECA) abierto con 108 pacientes de entre 10 y 50 años y asma persistente de leve a moderada. Todos recibieron tratamiento con corticoides inhalados (ICS) (budesonida), con o sin formoterol en función del grado de control, y posteriormente fueron divididos en dos grupos: el grupo intervención (GI), al que se le administraba vitamina D (una dosis única con 100.000 UI vía IM, seguida de 50.000 UI/semana por vía oral) y el grupo control (GC), al que no se le añadía vitamina D a su tratamiento de base. Se midieron FEV1 y niveles plasmáticos de 25-OH-D3 previos a la aleatorización y en las semanas 8 y 24 del estudio. Encontraron una mejoría del FEV1 similar en ambos grupos en la semana 8, mientras que en la semana 24 la mejoría del FEV1 fue significativamente mayor en el grupo de la vitamina D respecto al que recibió placebo. Los autores concluyeron que la suplementación con vitamina D puede contribuir a mejorar la respuesta a los ICS en el control del asma a largo plazo, precisando al menos 24 semanas de suplementación para poder observar sus efectos inmunológicos.

En otro ECA, realizado en 2015 por De Groot et al.44, seleccionaron a 44 pacientes asmáticos no atópicos, con esputo inducido con eosinofilia (> 3%) y/o neutrofilia (> 53%) y niveles séricos de 25-OH-D3 inferiores a 40 ng/ml. Los pacientes fueron aleatorizados en dos grupos: el GI, que recibía vitamina D (dosis única de 400.000 UI) y el GC, que recibía placebo, además de su medicación habitual para el asma. Al inicio del estudio y tras 9 semanas se realizó esputo inducido, pruebas de función pulmonar y cuestionarios AQLQ (Asthma Quality of Life Questionnaire) y ACQ (Asthma Control Questionnaire). El tratamiento con vitamina D no afectó significativamente al porcentaje total de neutrófilos o eosinófilos entre GI y GC. Sin embargo, en el grupo de pacientes con niveles más altos de eosinófilos en esputo (> 26%) se observó reducción del porcentaje tras el tratamiento con vitamina D (pasando del 41% al 11,8%) en comparación con el grupo que recibió placebo, cuyo porcentaje aumentó (pasando del 51% al 63%) (p = 0,034). El grupo de la vitamina D presentó puntuaciones ligeramente mejores en el ACQ (el GI, de 0,8, y el GC, de 1,1; p = 0,08), sin hallar otros resultados estadísticamente significativos.

Los autores concluyeron que la vitamina D podría ser un tratamiento coadyuvante a los ICS, eficaz en el subgrupo de pacientes asmáticos con inflamación eosinofílica grave de las vías respiratorias. Además, se observó una pequeña mejoría en el control del asma en el grupo de pacientes que recibieron vitamina D.

En 2017 se ha publicado un ECA, realizado por Ali et al.45, con el objetivo principal de explorar el efecto de la administración de alfa-calcidiol en la función pulmonar de los pacientes asmáticos. Incluyó a 82 pacientes con asma aleatorizados en dos grupos: GI, que recibió alfa-calcidiol durante 4 meses, y GC, que recibió solo el tratamiento para el asma. Se estratificó la aleatorización en función de la gravedad del asma. Se hizo espirometría al inicio y al final del estudio. Se observó un incremento del FEV1 y de la FVC en los pacientes con asma que recibieron alfa-calcidiol (p < 0,001). Además, los pacientes del GI mostraron mejoría en los síntomas del asma (p = 0,04). No se encontraron diferencias entre los pacientes con déficit sérico de vitamina D frente a aquellos que no lo presentaban al inicio del estudio dentro del grupo de intervención.

Tabla 2.
Evidencias sobre la vitamina D en la gravedad y control de asma

Autor

Tipo de estudio

Acciones significativas de la vitamina D

Sutherland et al.40

Transversal

Mejoría de función pulmonar.

Korn et al.41

Transversal

Menor nivel de vitamina D a mayor gravedad y peor control del asma.

Shaher et al.42

Caso-control

Correlación inversa de niveles de vitamina D con número de medicamentos para el asma.

Correlación directa de niveles de vitamina D con puntuación de ACT.

Mayores niveles de vitamina D en pacientes con mejor control.

Arshi et al.43

ECA

La suplementación con vitamina D mejora la respuesta a corticoides.

Aumento de FEV1.

De Groot et al.44

ECA

Reducción de eosinófilos en esputo.

Tendencia a mejorar el control.

Ali et al.45

ECA

Mejoría de la función pulmonar.


Crisis de asma y vitamina D

Confino-Cohen et al.46 publicaron un estudio en 2014 en el que seleccionaron a 21.237 adultos asmáticos de entre 22 y 50 años. Midieron los niveles plasmáticos de 25-OH-D3 y el número de crisis asmáticas durante el año previo. Midieron también los niveles de 25-OH-D3 en pacientes no asmáticos, hallando una prevalencia similar en ambos grupos. Sin embargo, se encontró una asociación lineal inversa entre la proporción de los asmáticos con exacerbaciones y los niveles plasmáticos de 25-OH-D3 (p < 0,0001). La probabilidad de tener una crisis de asma se correlacionó inversamente con los niveles de vitamina D séricos, y permaneció significativa después de tener en cuenta factores de confusión como el IMC.

El estudio VIDA (Vitamin D Add-on Therapy Enhances Corticosteroid Responsiveness in Asthma)47, publicado en 2014, fue un ECA que incluyó a 408 pacientes con asma y déficit de vitamina D. Se realizó un período de “blanqueo”, en el que se suspendió el tratamiento previo, y se les administró durante 4 semanas ciclesonida (320 mcg/día) y levalbuterol inhalados, junto con 40 mg/día de prednisona oral en la última semana. Se les asignó aleatoriamente en dos grupos: GI, que recibió vitamina D (100.000 UI iniciales, seguidas de 4.000 UI/día vía oral), y GC, que recibió placebo. El único tratamiento al inicio fue ciclesonida 320 mcg/día inhalada durante 12 semanas, tras las que se reevaluaron. A los pacientes con buen control se les redujo la dosis a la mitad (160 mcg/día) durante 8 semanas. Posteriormente se volvió a reevaluar, y a aquellos que presentaban buen control se les redujo la dosis de nuevo (80 mcg/día) durante otras 8 semanas. Los pacientes eran excluidos del estudio si presentaban dos o más crisis o fracasos terapéuticos.

El objetivo principal fue evaluar la tasa de fracaso terapéutico y de crisis asmáticas, y se obtuvo una pequeña diferencia a favor del grupo de la vitamina D, aunque no fue estadísticamente significativa.

En la semana 12 del estudio se encontró una disminución en la tasa de fracasos terapéuticos (HR 0,6; IC 95%: 0,4-0,9; p = 0,03) y de crisis (HR 0,5; IC 95%: 0,3-0,8; p = 0,01) en el grupo de la vitamina D con respecto al grupo placebo. Así, se encontró que cada aumento de 10 ng/ml en los niveles plasmáticos de 25-OH-D3 se asociaba con una disminución en la tasa global de fracasos terapéuticos (HR 0,88; IC 95%: 0,78-0,99; p = 0,04) y en la tasa global de crisis (HR 0,8; IC 95%: 0,67-0,96; p = 0,02).

La suplementación permitió una reducción del 25% en la dosis total de ciclesonida en el GI respecto al GC, aunque en cifras absolutas la diferencia total en la dosis acumulada entre ambos grupos fue pequeña (de 15 mcg/día).

Los autores concluyeron que su estudio no había permitido demostrar con evidencia suficiente que la suplementación con vitamina D, en adición a los ICS, permitiera reducir el número de crisis o de fracasos terapéuticos, aunque no descartaron que estudios con mayor tamaño muestral o de mayor duración pudieran aportar resultados más significativos.

Martineau et al.48 realizaron un ECA en 2015, en el que seleccionaron a 250 pacientes asmáticos de entre 16 y 80 años aleatorizados en dos grupos: al GI se le administraron suplementos de vitamina D (pauta de 120.000 UI dos veces al mes por vía oral durante 3 meses, seguida de una dosis de 120.000 UI v.o. cada 2 meses durante un año), mientras que el GC recibió placebo. El objetivo principal fue investigar las diferencias en cuanto al tiempo transcurrido hasta la primera crisis grave o hasta la primera infección respiratoria de vías altas.

La prevalencia de déficit de vitamina D (< 30 ng/ml) en los pacientes asmáticos fue del 83%. No se obtuvieron diferencias significativas entre GI y GC en cuanto al tiempo transcurrido hasta la aparición de la primera crisis asmática grave o hasta la aparición de la primera infección respiratoria de vías altas, y tampoco hubo diferencias en la tasa total de dichas crisis o infecciones a lo largo de todo el seguimiento. La única diferencia significativa entre ambos grupos, aunque pequeña, fue la mejoría en la calidad de vida, medida por el SGRQ, en el GI respecto al GC. Los autores concluyeron que la suplementación con bolos de vitamina D no influye en el tiempo hasta la aparición de la primera crisis asmática grave o de la primera infección respiratoria de vías altas, en una población con alta prevalencia de déficit de vitamina D.

Una revisión Cochrane publicada en 2016 por Martineau et al.49, con el objetivo de evaluar la eficacia de la administración de vitamina D en la reducción del riesgo de presentar crisis graves de asma, incluyó únicamente dos ensayos realizados en adultos, con un total de 658 pacientes. Se observó que la administración de vitamina D redujo la tasa de crisis de asma que requerían corticoides sistémicos (riesgo relativo [RR] 0,63 [0,45-0,88]) y redujo el riesgo de presentar una crisis que precisara atención en urgencias u hospitalización (OR 0,39 [0,19-0,78]). No se observaron efectos de la vitamina D sobre la función pulmonar ni sobre el control del asma medida mediante el cuestionario ACT. La mayoría de los pacientes incluidos presentaban asma persistente moderada, con una baja representación de asma grave en los estudios.

Jolliffe et al.50 publicaron en 2017 un metaanálisis cuyo objetivo principal fue investigar el efecto de la suplementación de vitamina D sobre las crisis asmáticas. Incluyeron datos individuales de 955 pacientes que provenían de siete estudios. Se observó que la suplementación con vitamina D redujo la tasa de crisis de asma que precisaban tratamiento con corticoides sistémicos (RR 0,74 [0,56-0,97]; p = 0,03). No se observaron diferencias entre los pacientes tratados con vitamina D frente a placebo en el porcentaje de crisis o en el tiempo hasta la primera crisis. Se realizó un análisis en el subgrupo de pacientes con déficit de vitamina D sérica (< 25 nmol/L) al inicio del estudio, en el que se observó un efecto protector de la suplementación (RR 0,33 [0,11-0,98]; p = 0,046), no observando este efecto en pacientes sin déficit inicial de vitamina D. A pesar de esto, los autores concluyeron que no encontraban una evidencia definitiva de que los efectos fueran diferentes en los subgrupos de pacientes.

Tabla 3.
Evidencias sobre la vitamina D en las crisis de asma

Autor

Tipo de estudio

Acciones significativas de la vitamina D

Confino-Cohen et al.46

Cohortes

Correlación inversa entre niveles de vitamina D y probabilidad de crisis.

Castro et al.47

ECA

No evidencia para disminuir crisis o fracaso terapéutico.

Permite disminuir dosis de corticoide inhalado.

Martineau et al.48

ECA

No influencia en tiempo hasta 1ª crisis grave o 1ª infección de vías altas.

Mejora calidad de vida.

Martineau et al.49

Metaanálisis

Disminuye tasa de crisis que precisan corticoides sistémicos.

Disminuye tasa de crisis que precisa atención en urgencias u hospitalización.

Jolliffe et al.50

Metaanálisis

Disminuye tasa de crisis que precisa corticoides sistémicos.

No evidencias en porcentaje de crisis o tiempo hasta 1ª crisis.

Conclusiones

La vitamina D influye sobre la inmunidad innata y adaptativa, sobre la respuesta a los corticoides y sobre la reducción del músculo liso de las vías respiratorias en los pacientes asmáticos. No existe evidencia de relación entre los niveles de vitamina D y la prevalencia o incidencia del asma. La suplementación con vitamina D podría mejorar la función pulmonar y la respuesta a los corticoides y disminuir la necesidad de corticoides sistémicos durante las crisis. No obstante, los estudios existentes son escasos y con alta variabilidad en sus diseños, por lo que serían necesarios nuevos estudios estandarizados para poder extraer evidencias más sólidas.

Agradecimientos

A los compañeros del Servicio de Neumología del Hospital Virgen de la Arrixaca y a los compañeros de los Servicios de Endocrinología y Nutrición del Hospital Morales Meseguer y del Hospital Virgen de la Arrixaca.

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